Arriba y abajo, por los callejones.

Antes de que pasen los sutiles barrenderos y el camión bífido de basura que trina, gruñe y resopla, yo estoy arriba. Desayuno, busco la bici y pedaleo canturreando alguna canción infantil que se me pegó. Arriba y abajo por los callejones, pasa una ratita con 20 ratones, arriba y abajo, por los callejones. A esa hora están los encargados de edificios, los trabajadores de la primera hora de la mañana, los cafeteros y algunos autos de alta gama. Y yo, en bici, con mi tarareo. ¿Han visto que misteriosas se ven las casas en los barrios de edificios? Entre Belgrano y Núñez hay muchas casas art deco que no superan los dos pisos de altura. Están abajo y en callejones …pasa una ratita con 20 ratones, algunos sin boquita, otros muy bocones. Cada tanto se ve: Unidades de 2 y 3 ambientes con amenities. Y la casa ya vacía, sin luz pero con carteles de renders y materiales plásticos del futuro cercano. Abajo mosaicos, abajo maderas, bronces. Arriba y abajo, por los callejones, pasa una ratita con 20 ratones, algunos sin patitas, otros muy patones.¿Han visto cómo la gente se arrima a los cafeteros? Buscan el calor del café y la energía de la conversación. Ponen a girar la rueda. Después nos alcanza en el run run de los taxis, el bostezo del gato y el buen día de los peatones. 


Mangas

¡Mirá qué lindas estas alfombras! Me dijo mi madre mientras me mostraba una revista de decoración. La revista era de hace unos años y las alfombras eran irresistibles. Al leer el epígrafe entiendo por qué con sólo mirarlas una se enamora de ese diseño. Eran las Mangas, que diseñó Patricia Urquiola en 2009 para Gan. A Urquiola la conocí el año pasado, me la recomendó Laura Alandes, una amiga muy querida. Ella es fan. Laura es diseñadora también y, en pleno encierro, me contó que había visto una entrevista a Urquiola donde contaba qué estaba leyendo. La busqué, la escuché, miré sus diseños y entré en una vertiginosa curva y contracurva de búsqueda, de inquietudes, de ganas de hacer, de ver, de leer. Fue una gran bocanada de aire fresco en ese momento. Gracias a las alfombras que vi en estos días estoy de vuelta en el remolino de Urquiola : ando pensando, mirando, y con muchas ganas de hacer. Justo estoy leyendo Del diseño, de Anni Albers. Y quizás Patricia no lo sabe, pero ella encarna mucho de aquello que Anni nos legó en sus ensayos: saber y no saber hacia dónde vamos; una sabe la dirección, dice Anni, pero no adónde llegaremos; no descuidar nunca el aprendizaje de experimentar y hacer; escuchar las voces, el sí y el no, del material, de las herramientas, de nuestro tiempo; aprender a ser valientes (Patricia se lanza a explorar materiales y proyectos nuevos pese a que siempre es reticente a dar el primer paso) y confiar en la intuición que será quien resolverá el problema y no el pensamiento. Aprendemos paciencia y resistencia, decía Albers, al seguir y culminar un trabajo. Al trabajar el material aprendemos a respetarlo. 


Patricia Urquiola me genera la misma fascinación que me generó Gerhard Richter hace muchos años, la gran diferencia es que Patricia fluye más cerca de las materialidades y Richter de las ideas. 




Ya capó

Ya capó, escuché decir alguna vez a una correntina. Lo que parecía ser una tormenta fue sólo un chaparrón. Corro por el asfalto porque de todos modos el camino está embarrado. Hay poca gente, casi diría que no hay nadie. El agua del estanque del campo de golf apenas se riza. Desde que llenaron el estanque lo miro con ganas, tiene unos 25 metros curvos aunque playos y seguramente bastante sucios. Hace unos días no me contuve y les escribí a los de Harrods preguntando si tenían alguna novedad, algún indicio, algún rumor, una mínima luz que se entreviera al final de este túnel seco que transitamos desde marzo. Muy amablemente me contestaron que no, que ni bien haya novedades me avisarán. Falta menos, me dijeron. 


En mi cabeza repaso lo que pienso escribir sobre “Lo que ya no existe” de C. Castagna. Busco las palabras que más se acerquen a ese conjunto de relatos. Trato de estructurar mis ideas para darle una semblante justo a aquello que leí. 


Ayer vi los caballos de la policía recorriendo la bicisenda de Figueroa Alcorta. Pensé en los caballos que hubo en esta quinta de Rosas. Este caballito quiere ir a trotar, ico-ico-ico, vamos a pasear. Yo no corro, troto. Trotar con lluvia es, por ahora, lo más cercano a nadar. Se me escapan unas brazadas, primero de pecho, después de crowl. Tiro de la cuerda y miro las ramas de las tipas que quieren escaparse de la tierra que las sujeta. 

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